Con el material hospitalario disponible y la farmacia de los pobladores de la zona, pero había heridos que necesitaban la ayuda de un profesional médico con más experiencia, por esa razón, cerca de la medianoche llegó el Dr. José Ribes, que se encontraba confinado en una estancia de la familia Benegas, ya que se lo consideraba pro realista. El propio San Martín, alabó su predisposición.
Al día siguiente, llegó el cirujano del ejército Dr. Manuel Rodríguez y Sarmiento, atendiendo a los heridos de mayor gravedad. El día 10 llegaba, enviado por el gobierno de Buenos Aires, el Dr. Francisco Cosme Argerich, quien tuvo la ingrata tarea de amputar la pierna, ya muy infectada, del capitán Bermúdez, para poder salvarle la vida.


