Estamos en 1822. San Martín, comprende que es necesario acelerar las operaciones y coronarlas, cuanto antes, con un triunfo definitivo. Se perfila así su futura cita con el Libertador del Norte.
Bolívar, por su parte, entusiasmado con los triunfos obtenidos por San Martín, ansía que llegue el momento de conocer, personalmente, al gran caudillo argentino, estrechar su mano y manifestarle su admiración, idéntica a la que siente éste, por él. Y el momento tan esperado llega al fin; cuando ambos jefes realizan su anhelada entrevista. (…) San Martín convence a Bolívar que solo la reunión de los 2 ejércitos puede igualar el poderío de los Realistas y tratar de dar una batalla final, de no hacerlo la lucha se prolongaría con nefastas consecuencias que causarían la ruina de los pueblos. El ejército más poderoso era el de Bolívar y este debía comandar esta impostergable iniciativa.


