Allí defendían el paso el bergantín Republicano y los lanchones Místico, Restaurador y Lagos, armados como fue posible.
En la mañana del 20 comenzó el ataque. “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! ¡Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra república, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos!”, arengó el general Mansilla.
El primer buque que quedó fuera de combate fue el San Martín, que quedó a la deriva por la rotura de la cadena del ancla. Primero, los anglo franceses concentraron el fuego sobre la batería “Restaurador Rosas”, mientras se acercaban a la zona donde estaban las cadenas el Dolphin, el Comus, el Pandour y el Fulton. El resto se mantuvo a unos mil metros.
Luego, el bombardeo fue contra las cuatro baterías, que soportaron con importantes bajas la lluvia de proyectiles. No obstante, los buques que se habían acercado debieron alejarse por los daños de las balas argentinas.
Los enemigos concentraron entonces el fuego sobre el Republicano y sobre los tres lanchones de la orilla opuesta, los que fueron hundidos. Cuando el Republicano se quedó sin municiones, su comandante lo hizo volar.
Los anglo franceses se ocuparon de las cadenas. A ellas se acercaron tres pequeñas embarcaciones. En una de ellas llevaron un yunque, y a martillazos las cortaron.
Los tres buques a vapor, cuando pasaron, dirigieron su fuego contra la batería “Manuelita”, comandada por el neoyorkino Juan Bautista Thorne, que animaba a sus artilleros.


