Mar 2023 | Ayacucho

No cualquiera… era el Virrey

La llanura, desde el pie del Condor Kanqui hasta el valle o pampa de Ayacucho, iba a ser el escenario donde, por última vez, chocarían en campo abierto los dos bandos que, durante catorce años de luchas heroicas, habían ensangrentado el suelo de la América del Sur…

El Virrey de La Serna consideraba inminente su victoria, pues había ya acorralado a Sucre en la hondonada, cuyas alturas dominaba en toda su extensión. Sus fuerzas ascendían a 9.300 hombres, frente a los 5.780 que componían el “Ejército Libertador”. De éstos, 4.500 eran colombianos, venezolanos y ecuatorianos, y 1.200, peruanos. Estos últimos estaban mandados, en parte, por jefes argentinos. Cabe citar entre ellos a José de Olavarría, a Juan Isidro Quesada, a José María Plaza, a Eustaquio Frías, a Juan F. Pedernera, a Francisco Aldao, a Román A. Deheza, a Juan Pringles y a Cecilio Lucero. Al frente de los Húsares de Junín estaba el coronel Manuel Isidoro Suárez y del Regimiento de Granaderos a Caballo de Buenos Aires, el coronel Alejo Bruix, quien comandaba los últimos ochenta, de los cuatro mil que cruzaron los Andes con San Martín.

Catorce generales españoles y un virrey, quien, por primera vez en la historia de España, se ponía a la cabeza de tropas combatientes, comandaban las fuerzas realistas formadas por oficiales españoles y reclutas peruanos.

Por haber actuado tanto generales, de un lado como de otro, la batalla de Ayacucho fue llamada también en América, “la batalla de los Generales”, (…).

Tan seguro estaba de La Serna del triunfo, que su principal preocupación en la víspera, fue distribuir armas a los indígenas e instruirlos para que no dejasen escapar ni a un solo fugitivo de las tropas patriotas, que ya imaginaba huyendo a la desbandada por los montes vecinos en la más aplastante derrota, porque pensaba liquidar allí mismo en Ayacucho, la última resistencia de los insurrectos.

No debe sorprender que haya habido tantas bajas, por cuanto Ayacucho significa en lengua quechua: el “Rincón de los muertos”, etimología que viene de la gran mortandad que hubo, en una batalla, cuando los incas conquistaron el país.

Terminó así esta guerra de casi todo un continente, que comenzó medio siglo atrás, cuando los norteamericanos iniciaron las hostilidades contra los ingleses en abril del año 1775.

En la honrosa Capitulación, se estableció que los españoles que querían retornar a su patria, lo harían a expensas del Perú. Este compromiso se cumplió al pie de la letra. Todos los generales realistas optaron por embarcarse, no obstante que se les ofreció el mismo grado en el ejército peruano, actitud generosa opuesta al estigma de “guerra o muerte”.

Casi todos los oficiales que estuvieron en el Perú tuvieron cargos importantes al retornar a España y se los conocía como Los Ayacuchos.

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Un solo corazón

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La campaña libertadora, jalonada de triunfos y reveses, pero siempre iluminada por la segura esperanza del éxito final, lleva ya bastantes años de penurias y desastres. Las tropas están diezmadas por luchas y enfermedades, y los pueblos, empobrecidos por sus dolorosas consecuencias…

A seguro se lo llevaron preso

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Al amanecer del jueves 9 de diciembre de 1824, Antonio José de Sucre recorrió a caballo la línea del Ejército proclamando a los soldados, en alta voz: “De los esfuerzos de este día depende la suerte de la América del Sud; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”…