La Batalla de Salta fue particularmente cruenta y al igual que la de Tucumán se trasladó desde el Campo de la Cruz (antes llamado Campo de las Carretas y luego bautizado por Belgrano como Campo el Honor) hasta el centro mismo de la ciudad. Al punto que los españoles se acantonaron en la vieja torre de la antigua Iglesia de los Monjes Mercedarios, que fue destruida por el terremoto de 1844. Desde allí hicieron flamear la bandera blanca para deponer armas. Martina Silva había formado un pequeño escuadrón de caballería, llamado los Ponchos Azules, que provocó la capitulación española en las Lomas de Medeiros. Fue el último episodio de una larga jornada de lucha. Sin la acción de Martina Silva, el resultado final pudo haber sido incierto. Cosas del destino.
El Burladero
Los españoles habían fortificado el Portezuelo, el único acceso a la ciudad a través de la serranía desde el sudeste; con el fin de imposibilitar cualquier tipo de ataque por parte de los patriotas rioplatenses. La única forma que podrían hacerlo era mediante cierta ayuda de los lugareños del norte. Y así ocurrió…





