AYACUCHO
PINOT NOIR 2020
9 de diciembre de 1824
Ayacucho, Perú
Antes de la batalla de Ayacucho, a finales de 1824, no era indefectible una victoria patriota. El reino español había enviado numerosos refuerzos, varios buques que habían vuelto a dominar las costas del Pacífico y habían tomado el puerto de El Callao, a la entrada de Lima. A finales de octubre, Simón Bolívar, entonces Dictador del Perú, y su gran aliado José Antonio de Sucre, se debatían sobre cómo resistir los embates realistas, cuyas tropas buscaban cortar los caminos de los patriotas y disponerlos a combatir. Luego de algunos pocos encontronazos, las filas comandadas por el mariscal Sucre llegaron el 9 de diciembre a la pampa de Ayacucho, al sur del Perú, donde se detuvieron y tomaron posiciones. Eran unos seis mil hombres, los que esperaban hacer frente a unos diez mil, comandados por el virrey del Perú, José de la Serna, que componían el último ejército realista en América del Sur.
Un solo corazón
La campaña libertadora, jalonada de triunfos y reveses, pero siempre iluminada por la segura esperanza del éxito final, lleva ya bastantes años de penurias y desastres. Las tropas están diezmadas por luchas y enfermedades, y los pueblos, empobrecidos por sus dolorosas consecuencias…
No cualquiera… era el Virrey
La llanura, desde el pie del Condor Kanqui hasta el valle o pampa de Ayacucho, iba a ser el escenario donde, por última vez, chocarían en campo abierto los dos bandos que, durante catorce años de luchas heroicas, habían ensangrentado el suelo de la América del Sur…
A seguro se lo llevaron preso
Al amanecer del jueves 9 de diciembre de 1824, Antonio José de Sucre recorrió a caballo la línea del Ejército proclamando a los soldados, en alta voz: “De los esfuerzos de este día depende la suerte de la América del Sud; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”…


